Una azafata verifica el suministro de jabón en un WC del Talgo uzbeko (Afrosiyob), que une la ruta Tashkent-Samarcanda. Foto: podrobno.uz
España en Asia Central: ¿de singular a normal?
Nicolás de Pedro
Asia Central es aún una región poco conocida fuera del mundo postsoviético. Probablemente, incluso aquellos lectores familiarizados con la geopolítica centroasiática se sorprenderán al saber que las relaciones políticas entre España y Kazajstán son extremadamente fluidas; que en aquel país, la tan traída estos días, marca España, se asocia con facilidad a productos de tecnología punta; que miembros del Gobierno y la elite kazaja suelen pasar sus vacaciones en la Costa Brava catalana; que una asociación kirguiz celebra anualmente en Madrid el Noruz, año nuevo persa; o que, en su día, el dirigente uzbeko, Islam Karímov, envió a una de sus hijas como embajadora a España. Los dirigentes por ambos lados suelen caracterizar las relaciones al más alto nivel como “excelentes y singulares”. Si a estos adjetivos añadiéramos el de “curiosas”, tendríamos una caracterización bastante ajustada de las relaciones de España con el Asia Central postsoviética.

