En Asia se expande el del bienestar, mientras en Europa es encogido a martillazos. El debate se sitúa en el epicentro de nuestra situación actual, dado que el trasfondo de su desmantelamiento se vincula a la perentoria necesidad europea de “ser competitivos”. La derecha occidental vuelve a agitar, como hace un siglo, el “peligro amarillo”. A China no hay quien la pare; los chinos nos comerán; sólo una guerra los parará. Este tipo de apreciaciones, de gran éxito popular, parecen avalar la imperiosa necesidad de “situarnos a su nivel” para poder contrarrestar su mano de obra barata e inagotable. Pero esto es un mito. La economía china se desarrolla en un contexto global, con lo que supone de padecer los efectos de las crisis europea y americana. La mano de obra no es inagotable, contra lo que pudiera parecer. Y los trabajadores chinos, desean libre sindicación y cobertura social; es decir, tenderán al modelo europeo, más que al americano. Traducción a cargo del historiador Javier Romero.
Reconsiderando el estado del bienestar
La próxima revolución en Asia
Varios países de este continente están construyendo estados del bienestar, teniendo además la posibilidad de aprender de los errores de occidente
Las economías de Asia llevan mucho tiempo asombrando al mundo con su dinamismo. Gracias a años de espectacular crecimiento, más gente ha salido de la pobreza absoluta en Asia contemporánea que durante ningún otro período de la historia. Pero, según van ganando poder adquisitivo, los ciudadanos de la región también quieren más de sus gobiernos. Existe por todo el continente una creciente presión a favor de la creación de sistemas de pensiones y de asistencia sanitaria nacional, seguro de desempleo y otros elementos característicos de la protección social. Como resultado de todo ello, las economías más pujantes del mundo están cambiando de marcha; han dejado de limitarse a acumular riqueza para comenzar a construir un estado del bienestar.
