
El defenestrado líder Bo Xilai, en imagen de archivo. La entrevista, traducida del catalán, tuvo lugar días antes del 18º Congreso del PCCh. Su lectura, a posteriori, resalta todavía más su interés actual, junto con los análisis que van apareciendo sobre el evento
Sean Golden, investigador senior asociado, CIDOB, entrevistado per Oleguer Sarsanedas
Qüestions CIDOB, núm. 19
¡Que puedas no vivir tiempos interesantes! Eso dice el antiguo proverbio chino. Obviamente, interesante debe entenderse como una ironía. El proverbio se refiere probablemente a unos tiempos como estos, en los que en muchos países se van amontonando las preguntas sobre el futuro inmediato, esperando respuestas.
En China, el año 2012 va camino de adjudicarse el título de annus horribilis: la ex estrella política Bo Xilai despojado de inmunidad, imputado y esperando juicio, la publicación por parte de The New York Times (25/10/2012) de un informe sobre la supuesta fortuna de la familia del primer ministro Wen Jiabao, un crecimiento económico más bajo de lo previsto (el PIB de China creció un 7,4% en el tercer trimestre, por debajo del objetivo del Gobierno por primera vez desde el inicio de la crisis financiera), la disputa territorial en curso con Japón por la soberanía de las islas Senkaku / Diaoyu Dao, los ciudadanos tibetanos inmolándose a un ritmo inasumible (cuatro, la última semana octubre) -por mencionar sólo algunos de los problemas actuales de los dirigentes chinos. El mayor reto de todos, sin embargo, es el 18 º Congreso del Partido Comunista en este mes de noviembre, cuando siete de los nueve miembros del importantísimo Comité Permanente del Politburó se jubilarán -incluidos el actual líder supremo Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao- y una nueva generación de dirigentes (la llamada quinta generación) tomará el timón. Esto coincide en el tiempo con la renovación planificada del 70% de la Comisión Militar Central y del Comité Ejecutivo del Consejo de Estado, con lo cual nos encontramos ante la transición política más significativa de las últimas décadas.
Sean Golden señala que lo primero que hay que entender del Congreso es que, en China, el Partido es mucho más que el Partido: es el Sistema.
Si fuera posible hacer elecciones y que el Partido Comunista de China (PCCh) las perdiera, el país se pararía, se paralizaría la administración pública. En China, nunca han separado Iglesia y Estado. El poder es una parrilla con tres columnas: Partido, Estado y Ejército, en la cual las filas horizontales son los mismos: el nuevo secretario general del PCCh se convertirá en presidente de China, no hay distinción entre los dos cargos; es como si el Papa fuera primer ministro de Italia. No sabemos cuándo será también presidente de la Comisión Militar (es probable que su predecesor, Hu Jintao, conserve el cargo durante dos años). Lo mismo pasa al segundo nivel (el vicesecretario general del Partido es también primer ministro) y así sucesivamente en todo el escalafón. La obligación del Partido de velar por la pureza política está inscrita en la estructura del Estado, de manera que las propuestas multipartito son improcedentes. Pureza política significa control ideológico de la administración política y del ejército. Esta es una de las razones principales por las cuales China no es eficiente: en cada ministerio, en cada gobierno local, hay un funcionario del Estado y uno del Partido (del mismo rango) a cada nivel de administración, de modo que en caso de desacuerdo es necesario apelar a una autoridad superior.

