El pasado día 29 de enero, el profesor Francisco Veiga pronunció una conferencia en el Cercle d´Economía sobre la evolución geoestratégica del macrocontinente eurasiático entre 2001 y 2012. En recuerdo de Zbigniew Brzezinski, la exposición fue titulada, genéricamente: “El gran tablero de ajedrez. La nueva configuración de Eurasia desde 2001″
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Siria, o el camarote de los hermanos Marx
Fuente: Before It’s News
2012 se cerró sin una solución para el conflicto de Siria, al que ya hace tiempo se denomina abiertamente, y sin ambages, guerra civil. La puntualización no es baladí, puesto que durante los primeros meses, los medios de comunicación occidentales mantuvieron aquel guión ensayado en Libia en 2011 (con antecedentes en Kosovo, en 1997 y 1998): lo que sucedía en Siria no era un enfrentamiento civil, sino la mera represión de las manifestaciones de la oposición por las fuerzas de seguridad del régimen de Bashar al Assad. Este tipo de libretos se plantean como carreras de fondo: las protestas no cejan, a pesar de la dureza empleada en la represión, y las sospechas de que entre los contestatarios hay armas son desmentidas o denunciadas como “provocaciones del régimen”. Pero finalmente termina apareciendo como por ensalmo algún grupo guerrillero o miliciano rebelde cuya capacidad de combate crece con notable rapidez.
Ese momento marca también el de la aparición, a plena luz, de la implicación internacional. En el caso de Siria, la indisimulada participación de unos y otros creció de forma tan acelerada como desordenada. Turquía, Qatar, Arabia Saudí, Irán y Rusia en un primer plano; la “comunidad internacional” de las potencias occidentales con mayor discreción; la internacional yihadista con el mayor de los entusiasmos. Y como resultado, una contienda que se nos presenta todavía como una gran batalla que enfrenta a los “rebeldes” contra el régimen de Bashar al Assad, el consabido esquema en negro sobre blanco, reforzado por la constitución de la denominada Coalición Nacional de Fuerzas Revolucionarias y de Oposición, el pasado mes de noviembre.
La “política neo-otomana” en un impasse
Alegoría de la “ola turca” por Brian Rea
El “Neo-otomanismo” en un impasse: punto muerto de la nueva política exterior del gobierno turco
por Francisco Veiga
A partir de la ponencia presentada en la jornada: “El islam político en un contexto de revueltas”, Institut Català Internacional per la Pau (ICIP), Barcelona 29 de noviembre, 2012
Lo que se ha denominado “política neo-otomana” en la Turquía del Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkınma Partisi : AKP) surge como reacción a la ofensiva de los bastiones kemalistas contra los gobiernos islamistas turcos a partir de 2003 y hasta el verano de 2008. En esa fecha se puede decir que el AKP se consolida definitivamente en el poder, tras asegurar los resultados de las elecciones legislativas de 2007 –en las cuales el AKP vuelve a revalidar mayoría absoluta- y las presidenciales, a raíz de las cuales Abdullah Gül se convertirá en el primer presidente islamista de la República turca.
“¡Diles que lo fusilen!”
Una de las versiones del vídeo filmado con teléfono móvil en el que se pueden escuchar frases en español. En éste se pueden distinguir con más claridad: minuto 0:34: “Ya estamos con el carro”; minuto 0:45 en adelante: “¡Diles que lo fusilen!” (repetido)
Pocos días después de la muerte de Muamar el Gadafi, algunos medios de comunicación colgaron un videoclip en You Tube, con algunas de las atroces imágenes del suceso. En medio del tremendo guirigay en que se desarrollaba el linchamiento del líder libio, filmado con un teléfono móvil, se podía escuchar a alguien que gritaba: “¡Diles que lo fusilen!”, en español y con acento latinoamericano.
La guerra de Yemen (y 3)
Carro de combate de la milicia Ansar al Sharia, afecta a AQAP, cerca de la localidad de Jaar, Yemen, 28 de abril de 2012. ¿Hubiera aprobado bin Laden una guerra convencional de Al Qaeda en Yemen?
La estrategia que Osama Bin Laden y Ayman al Zawahiri infundieron a al Qaeda se basaba, esencialmente, en tres grandes conclusiones convertidas en directrices. La primera sostenía que las estrategia seguida por los islamistas radicales hasta los años ochenta del siglo XX, no servía. Pretender erradicar del poder, uno a uno, a los dirigentes laicos y pro-occidentales (o pro soviéticos) del mundo musulmán, era una empresa estéril. Al menos para al Zawahiri quedó demostrado con el asesinato del presidente egipcio Anwar al Sadat en 1981. La operación, brillantemente concebida, desencadenó una contundente represión contra sus autores y los islamistas radicales egipcios, pero sin desencadenar ningún tipo de revolución o cambio político en el país.


