
Elif Shafak, The Guardian / traducido y republicado por El País, 4 de junio, 2013
“Querido primer ministro, yo antes era apolítico; entonces, ¿por qué he salido a protestar a la calle? No por un par de árboles. Me rebelé al ver cómo había atacado usted, al amanecer, a los jóvenes que permanecían concentrados en silencio en sus tiendas. Salí a la calle porque no quiero que mi hijo tenga que sufrir las mismas cosas y porque me gustaría que viva en un país democrático”.
La conmovedora carta, dirigida a Recep Tayyip Erdogan y escrita por uno de los manifestantes en la histórica plaza Taksim de Estambul, ha tenido enorme difusión en las redes sociales de Turquía. El autor de estas palabras, Cem Batu, es director creativo de una agencia de publicidad, y tanto él como su equipo de estambulitas jóvenes, modernos y bien formados han sufrido el gas lacrimógeno y han resultado heridos durante las protestas; dos hechos que dicen mucho sobre los terribles acontecimientos de los últimos días.
Todo comenzó como una sentada pacífica para salvar uno de los últimos parques públicos que quedan en una ciudad de casi 14 millones de habitantes. El Gobierno está empeñado en destruir el parque para reconstruir el viejo cuartel otomano que se alzaba allí en otros tiempos y convertirlo en un museo o un centro comercial. Fue una decisión tomada de manera precipitada, sin un debate apropiado con participación de la opinión pública y los medios de comunicación. Muchos ciudadanos, que preferían unos jardines públicos antes que un centro comercial, pensaron que los políticos no estaban haciéndoles caso. Algunos decidieron ocupar el parque Gezi. Al mismo tiempo se creó la etiqueta #occupygezi para recabar apoyos y solidaridad. Como escribió Koray Çaliskan, politólogo de la Universidad del Bósforo, en el diario Radikal, esos primeros manifestantes tenían diversas procedencias ideológicas, y entre ellos había incluso antiguos votantes del partido en el poder, Justicia y Desarrollo (AKP).
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