
Los cuerpos de los supuestos civiles masacrados yacen en las afueras de la aldea de Raçak, Kosovo, enero de 1999. La célebre matanza sirvió de “trigger massacre” para promover la intervenciíon de la OTAN contra Yugoslavia. Doce años más tarde, la intervención en Libia se llevó a cabo para “proteger a la población civil de la represión”, negando hasta el final la existencia de una guerra civil; lo mismo sucede actualmente en Siria. Las trigger massacres, reales o fabricadas, se han convertido ya en un elemento consustancial de las intervenciones de la “comunidad internacional”, de la misma forma que sucedía hace algo mas de un siglo, cuando las grandes potencias se repartían el mundo en base a la diplomacia de las cañoneras. Por entonces, las trigger massacres proveían de las oportunas excusas intervencionistas contra estados constituidos (China, Vietnam, Imperio otomano) más que en escenarios que se consideraban “vacíos” de estatalidad, como era el caso de África.
El reportaje de Rafael Poch-de-Felíu que reproducimos hoy, es el último capítulo de una interminable polémica nutrida por docenas de piezas y testimonios que desde el primer momento generó la denominada “masacre de Racak”, como atestiguan las numerosos enlaces en red. La actitud del más que polémica del diplomático estadounidense William Walker no ha dejado de atizar las sospechas en torno a Racak, que con el tiempo se han convertido en evidencias.
La amargura del policía alemán Hensch
Un testigo evoca la manipulación con la que el gobierno alemán fabricó el consenso belicista para intervenir en Kosovo
La Vanguardia | 31/01/2012 – 10:03h
RAFAEL POCH | BERLÍN
Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, se declara aun dolido por lo que vivió en 1999, pero, ¿a quien le interesa hoy la guerra de Kosovo, si ya nos hemos olvidado de la de Libia y preparamos la de Irán? Este jubilado de la localidad de Lütjenburg, en el extremo norte de Alemania, continúa dándole vueltas.
