Convulsión en Libia – Seleccionados 25.01.2012

24 de enero, 2012: fotografía supuestamente publicada en una website o blog libio, en la que se aprecia a población local de la ciudad de Bani Walid enarbolando banderas verdes de Al Yamahiria, el régimen liderado por el fallecido Muhammar al Gadafi

Convulsión en Libia: crece el temor a una nueva guerra civil

En estos momentos, la situación en Libia es confusa. Parte de la población de la localidad de Bani Walid se habría levantado en armas tomando el control de la localidad, volviendo a enarbolar la causa del gadafismo. Por otra parte, este incidente no sería el único de los graves desórdenes acaecidos en las últimas fechas. Hace algo más de una semana se reportaban choques armados entre milicias leales al actual gobierno libio y fuerzas gadafistas en el sur del país. Mientras tanto, se producían combates entre milicianos de dos localidades, por causa de rencillas personales.

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Libia, Año Cero

El linchamiento de Gadafi le ha conferido, post mortem, cierta dignidad a su figura que había perdido desde hacía tiempo: cumplió su promesa, no huyó y resistió en su ciudad natal hasta su muerte

La toma de Sirte y el linchamiento de Gadafi (pues no ha sido otra cosa) sitúan a Libia en un Año Cero. Lo cual no quiere decir que la guerra haya concluido, ya veremos. Y eso no por el hecho de que los gadafistas continúen resistiendo: muerto el líder, se acabó esa guerra, porque él manejaba todavía determinados resortes de poder y, sobre todo, el dinero. Pero, a cambio, su gesto de permanecer y luchar hasta el final en su ciudad natal, donde tenía muchos seguidores, contrasta con la figura de algunos de sus hombres, que desertaron al bando rebelde por pura conveniencia o cobardía. Y la ominosa muerte del líder, grabada en móvil, ha puesto el resto. Ni siquiera tuvo el beneficio de un tribunal de pacotilla, como el que juzgó y condenó a Ceausescu. En aquel invierno de 1989, el dictador rumano llegó a hablar ante sus jueces, ante las cámaras, y su discurso enloquecido pareció dar cierto sentido irreal a aquella farsa jurídica. Ayer, Gadafi no llegó a testificar ante nadie, y eso le va a suponer réditos políticos post mortem, aunque su silencio ya no revelará los trapos sucios de los que eran sus amigos en Occidente o sus antiguos lugartenientes convertidos ahora en demócratas de fantasía.

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