Insurgentes en Daguestán. A la derecha, William Plotnikov, ciudadano canadiense de origen ruso, posiblemente vinculado con Tamerlan Tsarnaev. Cuando Plotnikov fue abatido por las fuerzas rusas de seguridad en julio de 2012, Tamerlan que estaba de visita en Daguestán, desapareció durante un par de días. Vid.: USA Today
Rusia y Estados Unidos: abocados a entenderse
Francisco Veiga, Rusia Hoy, 14 de mayo, 2013
Por el momento, a más de dos semanas de los atentados de Boston, la prensa internacional sigue recogiendo un goteo interminable de artículos con todo tipo de interpretaciones sobre las motivaciones y objetivos de los hermanos Tsarnaev. Normalmente, estas acciones vienen siendo de tres tipos: de raíz patológica, y consecuencias magnificadas por la libre venta de armas, en los Estados Unidos; de tipo terrorista como parte de la estrategia de un grupo determinado, autóctono o extranjero; o bien la acción de un individuo aislado: lo que se ha dado en llamar “lobo solitario”, que no es sino la versión actual de los activistas que practicaban la “propaganda por la acción” hace un siglo. Categoría esa un tanto artificiosa, dado que en el mundo actual la obtención de armas, la instrucción y hasta la motivación criminal a esa escala dependan casi siempre de terceros.
Sin embargo, sólo por el hecho de que los autores de los atentados de Boston procedieran del Cáucaso, con el exotismo que eso supone en los Estados Unidos, ha contribuido a unificar las categorías mencionadas en los atentados cometidos por los Tsarnaev. Y el efecto está resultando curioso. De un lado introdujo en escena a los servicios de inteligencia y seguridad rusos, adjudicándoles un papel positivo en la identificación de los terroristas; el hecho de que también los saudíes aportaran datos, contribuyó a reforzar la imagen de voluntariosa lucha conjunta contra el terrorismo yihadista. Todo ello sin recurrir a grandes movilizaciones de medios en ninguna nueva “guerra contra el terror” a la manera de la orquestada por George W. Bush.

