Nordismo

Tira cómica de Polandball, también conocido como countryball (país-bola). Se trata de un meme o fenómeno de internet generado por usuario que nació en el tablón de imágenes alemán Krautchan.net en la segunda mitad de 2009. El meme se manifiesta en muchos webcómics, donde los países son presentados como personas esféricas que interactúan, por lo general en inglés mal escrito, burlándose de estereotipos nacionales y de las relaciones entre ellos. Expresión de los complejos nacionalistas europeos más burdos, es fácil encontrar en las tiras de Polandball groseras manifestaciones de nordismo popular.Más información sobre el fenómeno Polandball en Wikipedia en español e inglés.

Denominamos “nordismo” a un nuevo tipo de dialéctica que se sustenta en la presunta superioridad cultural –en sentido amplio-  de la comunidad de países del norte de Europa en relación a los de sur. Desde la manifestación de los aspectos más agudos de la crisis presente, se ha ido extendiendo de forma notable en todo tipo de foros públicos.  En ese contexto, el  nordismo adquiere unos  marcados contornos regeneracionistas: la acción salvífica de países como Alemania, Holanda, Finlandia, Dinamarca, etc., serviría no sólo para rescatar la economía y las finanzas del proceso de integración europeo, insuflando un nuevo orden regenerador; el nordismo incluso aportaría una corriente de moral estoica y renovadora.

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Puedes pisar mis ojos. Un retrato del Irán actual.

Aquel 13 de junio de 2009, Serge Michel y Paolo Woods tenían acordada una entrevista con un cirujano de rinoplastia en Teherán. El resultado de las elecciones presidenciales acababa de anunciarse y las calles de la capital estaban viviendo lo que se conocería como la “revolución verde”. Por entonces, después de varios años viviendo en Irán, el periodista suizo y el fotógrafo italo-francés se habían embarcado en la elaboración de un libro de entrevistas a ciudadanos de a pie, con la idea de ofrecer un fresco desmitificado de la actual sociedad iraní. Pero mientras ellos intentaban captar matices y carácter nacional, esa sociedad se agitaba en uno de los vuelcos más importantes desde la revolución de 1979. Aquel día, Michel y Woods se repartieron el trabajo: el periodista acudió a la cita con el mago del bisturí, que redibuja los sueños y narices semitas de unos 270 jóvenes a diario, mientras Woods se mezclaba cámara en mano entre los clamores revolucionarios de las grandes avenidas de la capital.

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