A la par que la televisión anuncia día sí, y día no, la caída de Sirte, “último bastión gadafista” (?) en manos de los rebeldes, se cumple el primer centenario de la guerra italo-turca de 1911, un conflicto que también se prolongó más allá de lo esperado y distó mucho de ser un paseo militar para los invasores.
Desembarco de tropas italianas ante Trípoli, 4 de octubre de 1911. Comenzaba la guerra italo-turca, con un primer pulso: el control de la franja costera libia.
Frente al invasor italiano, oficiales turcos encuadraban a las fuerzas irregulares libias. La capacidad profesional de esos mandos, junto con el conocimiento del terreno y la extensión del arenal libio, prolongaron la guerra mucho más de lo previsto. De hecho, se decidió en el Mediterráneo oriental. En la conocida fotografía, un joven, macilento y aún desconocido Mustafa Kemal, dicta órdenes a un oficial de enlace, ante una tropa de senusis libios.
Mustafá Kemal, entre oficiales de su estad mayor y del Creciente Rojo, en su puesto de mando ante Derna. Enver Bey fue el otro gran protagonista de la historia otomana que lucharía en Libia
Una revista otomana pregona en su portada la victoria contra las fuerzas italiana en Derna. La guerra italo- turca de 1911 generó una gran emoción en la comunidad musulmana de la época
La otra versión de la propaganda de guerra: las tropas italianas toman Bengasi a la bayoneta
Giulio Gavotti, el primer aviador de la historia que protagonizó un bombardeo aéreo
Panorama desde la cabina: los artefactos estallan entre el enemigo libio. La propaganda italiana insistió mucho en la modernidad de sus medios militares
Soldados italianos contemplan los cuerpos de un grupo de libios, probablemente fusilados. La guerra de 1911 tuvo una vertiente muy destacada de guerra colonial, y por ello no hubo demasiados miramientos con el adversario. Ni entonces, ni en años sucesivos, ya como parte del imperio italiano


